El pasado sábado 3 de octubre se llevó a cabo en República Dominicana un nuevo encuentro del Godllywood Autoayuda, dirigido exclusivamente a mujeres.

El mensaje comenzó con una pregunta central: ¿qué frutos está dando cada persona para el Señor Jesús?

«Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos […]. Así que, por sus frutos los conocerán» (Mateo 7:18-20).

Así como un árbol se conoce por sus frutos, lo que una persona lleva dentro se manifiesta en su manera de actuar. Por eso, los cambios externos, las tareas en la iglesia o las bendiciones recibidas no convierten, por sí solos, a alguien en testigo de Jesús. Ninguno de ellos puede ocultar lo que realmente hay en el corazón.

Durante el encuentro se invitó a las participantes a dejar de mirar únicamente los frutos de los demás y examinar los propios. Si alguien nos ha herido, el daño que causó le corresponde a esa persona; la forma en que respondemos nos corresponde a cada una. ¿Guardamos rencor o buscamos perdonar? ¿Reconocemos lo que necesitamos cambiar o intentamos disimularlo?

A partir de Gálatas 5:19-23, se habló de las obras de la naturaleza humana (la carne) y del fruto del Espíritu Santo.

«Ahora bien, las obras de la carne son evidentes, las cuales son: inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, sectarismos, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales os advierto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el Reino de Dios.

Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley».

La enseñanza llevó esas palabras a situaciones cotidianas: ¿respondemos con amor en lugar de odio?, ¿conservamos la paz cuando enfrentamos un problema?, ¿tratamos con amor a las personas, aunque no lo merezcan?, ¿tenemos paciencia para esperar y dominio propio cuando sentimos enojo? Podemos cumplir con nuestras responsabilidades y parecer tranquilas ante los demás, mientras por dentro nos consumen las preocupaciones. Solo cada una sabe lo que está ocurriendo en su interior.

El mensaje también recordó que Jesús prometió a Sus seguidores el poder del Espíritu Santo para ser Sus testigos. Dar testimonio de Él va más allá de hablar de la fe o de realizar actividades en la iglesia: implica que Su presencia se refleje en nuestras actitudes, dondequiera que estemos.

Reconocer que nuestros frutos necesitan cambiar no significa que podemos lograrlo por nuestra cuenta. Es el momento de dejar las apariencias, acercarnos a Dios con humildad y rendir nuestra voluntad a la Suya. El cambio no comienza con la fuerza de nuestro brazo, sino cuando permitimos que el Espíritu Santo transforme nuestro interior.

No te pierdas el próximo encuentro del Godllywood Autoayuda

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