En medio de un escenario donde muchas familias enfrentan conflictos, distanciamientos y heridas emocionales, millones de personas decidieron hacer algo diferente en el Viernes Santo de 2026: poner a su familia al pie de la cruz.

El evento mundial Familia al Pie de la Cruz movilizó a participantes en 151 países, incluyendo República Dominicana, con un mismo propósito: buscar en Dios la restauración del hogar.

República Dominicana unida

En todas las Universal distribuidas en todo el país, se realizaron concentraciones que permitieron que miles de familias participaran de este evento mundial cerca de casa.

En la Sede Nacional de Santo Domingo, en el Distrito Nacional, la reunión fue ministrada por el pastor Rodrigo Moraes, quien transmitió el mismo mensaje que se compartió a nivel mundial: la transformación del hogar comienza cuando hay una decisión de fe.

Sin embargo, también dejó una enseñanza fundamental: antes de clamar por la familia, la persona necesita estar bien con Dios. Es decir, el cambio en el hogar comienza de adentro hacia afuera.

Porque es el Espíritu Santo —y no las emociones— la esencia de esa transformación. Cuando la persona recibe Su presencia, pasa a tener dirección, dominio propio y la capacidad de actuar con una fe consciente.

Más allá de la magnitud visible, lo que marcó este evento fue precisamente ese propósito espiritual: una fe práctica, inteligente y alineada con la Palabra de Dios.

Tal como fue enseñado durante la jornada, cuando alguien decide alinear su vida y sus pensamientos con la voluntad de Dios, abre el camino para que su familia tenga un nuevo comienzo.

Al pie de la cruz: el lugar de la decisión

Durante las reuniones, uno de los momentos más significativos fue el clamor por las familias, donde cada persona pudo presentar sus luchas, preocupaciones y seres queridos delante de Dios.

Muchos llegaron cargando angustias, conflictos y situaciones aparentemente sin solución. Pero, al colocar simbólicamente a su familia al pie de la cruz, encontraron dirección, alivio y, sobre todo, esperanza.

Como está escrito:
«Porque donde están dos o tres reunidos en Mi Nombre, allí estoy Yo en medio de ellos» (Mateo 18:20).

Este versículo cobró vida en cada reunión, recordando que la presencia de Dios no depende de un lugar específico, sino de la fe y la concordancia con Él.

Un acto profético

Al igual que en otros países, en República Dominicana se realizó la entrega del Aceite Consagrado en Tierra Santa a los representantes de cada familia. Sin embargo, más que un símbolo, este acto marcó el inicio de un propósito: la preparación diaria mediante la unción, con el objetivo de recibir el Espíritu Santo en el Día de Pentecostés.

De esta manera, cada participante asumió el compromiso de buscar a Dios de forma constante, entendiendo que solo con Su presencia es posible tener la transformación interior necesaria para, entonces, luchar verdaderamente por su familia.

La familia sigue siendo un bien invaluable

A pesar de los desafíos actuales, este evento dejó en evidencia que la familia no ha perdido su valor. Miles de personas en República Dominicana demostraron que vale la pena luchar por ella, creer en su restauración y buscar en Dios la base para reconstruirla.

Pues cuando un hogar es colocado al pie de la cruz, encuentra una nueva oportunidad para comenzar.

Este mismo clamor también se vivió en otros países, como Brasil, donde multitudes se reunieron en estadios emblemáticos como la Neo Química Arena, el Maracaná y el Pacaembu, no para un espectáculo, sino para clamar a Dios por sus familias, reafirmando que, sin importar el lugar, la fe y la búsqueda sincera generan transformación.

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