El encuentro para las mujeres destacó que la verdadera transformación ocurre cuando hay una entrega total a Dios
El pasado sábado 28 de marzo se llevó a cabo el segundo encuentro de 2026 del Godllywood Autoayuda. La reunión, que se realizó en el Templo de Salomón, Brasil, fue conducida por la Sra. Ester Bezerra, con enseñanzas de la Sra. Cristiane Cardoso; además, fue transmitida para mujeres de todas las regiones del mundo, incluyendo República Dominicana.
El mensaje inició con una advertencia directa. En medio de un mundo marcado por la violencia, la inestabilidad y el sufrimiento, es necesario comprender que existen dos reinos: el de este mundo y el Reino de Dios. Por lo tanto, cada persona necesita hacer una elección.
Decisión espiritual
Durante la primera parte de la reunión, se destacó que el Señor Jesús vino al mundo con un propósito claro: ofrecer el Reino de Dios a la humanidad.
Muchas personas conocen la Palabra, asisten a la iglesia e incluso practican actividades religiosas, pero aun así no han tenido una verdadera experiencia con Dios.
Al citar el diálogo de Jesús con Nicodemo, se enfatizó que no basta conocer o practicar una religión. Es necesario nacer de nuevo:
«Respondió Jesús y le dijo: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el Reino de Dios» (Juan 3:3).

La religión no es el Reino de Dios
Otro punto importante fue la diferencia entre religión y vida espiritual.
Muchas personas creen que servir a Dios está relacionado con asistir a una iglesia, hacer campañas o cumplir obligaciones religiosas. Sin embargo, se destacó que el Reino de Dios no se reduce a eso.
En la práctica, la verdadera relación con Dios exige arrepentimiento, entrega y cambio de vida.
Incluso, quien ya está en la iglesia puede no haber nacido aún de nuevo. Esto sucede cuando la persona permanece apegada al mundo, dividida entre sus propios deseos y la voluntad de Dios.
El Reino de Dios es una nueva vida
A continuación, se profundizó la enseñanza explicando que todo aquello que es verdadero, como el amor, la paz y la alegría, pertenece al Reino de Dios.
En el mundo, esos sentimientos son inestables y dependen de circunstancias externas. Por eso, muchas veces el amor se transforma en odio, y la alegría desaparece frente a las dificultades.
Por el contrario, en el Reino de Dios estas virtudes permanecen constantes, porque no provienen del exterior, sino del interior de la persona.
En ese contexto, se resaltó que:
- El valor no está en la apariencia ni en los logros
- La alegría no depende de las situaciones
- La paz no se ve afectada por las circunstancias
Así, la transformación ocurre cuando hay una experiencia real con Dios, que cambia la naturaleza interior del ser humano.
El nuevo nacimiento es una experiencia personal
El mensaje destacó otro punto importante: es posible estar dentro de la iglesia y aun así no conocer verdaderamente a Dios.
Se puede crecer en ese entorno, participar en las reuniones, orar y seguir la fe enseñada en casa. Sin embargo, también puede suceder que todo lo que se sabe de Dios provenga de lo que se oye, y no de una experiencia personal.
Incluso, puede existir el intento de reproducir comportamientos, como oraciones y expresiones de fe, sin que eso represente una relación verdadera con Dios.
Un ejemplo de ello se observa en la parábola del trigo y la cizaña, descrita en Mateo 13:24-30, donde ambos se asemejan en apariencia, pero son distintos en esencia. A partir de esta enseñanza, puede surgir un enfrentamiento interior al reconocer que no basta con parecer, sino que es necesario ser.
En ese momento, se puede entender que, aunque se tenga apariencia de «trigo», en realidad aún no se ha nacido de Dios. Así como la parábola muestra que la cizaña se asemeja al trigo, pero no tiene la misma esencia, se evidencia una fe basada en la apariencia.
Ante esto, surge un reconocimiento sincero: no se conoce a Dios, a pesar de haber estado involucrado en la fe desde la infancia.

A partir de esa conciencia, viene la decisión de ir al Altar y entregarse de manera verdadera, sin apariencia ni imitación… Entonces ocurre el nuevo nacimiento, una experiencia real, marcada por una transformación interna.
Como resultado, pensamientos, sentimientos y actitudes pasan a ser diferentes, evidenciando una fe genuina, basada en una relación personal con Dios
Para dar fruto, es necesario morir
Otra enseñanza importante se basó en Juan 12:24, que compara la vida espiritual con una semilla:
«… si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo; pero si muere, produce mucho fruto».
La explicación mostró que muchas personas se sienten vacías y solas porque aún no han «muerto» a la vida antigua; es decir, no han renunciado al ego, a sus propias voluntades ni a los patrones del mundo.
Cuando eso sucede, entonces la persona pasa a dar fruto, desarrollando una nueva naturaleza.
La naturaleza de quien nace de Dios
Quien nace de Dios comienza a reflejar Su propio carácter.
Eso significa que sus actitudes dejan de estar guiadas por las circunstancias y pasan a estar guiadas por la Palabra de Dios.
En la práctica:
- Quien nace de Dios perdona
- Mantiene la paz incluso en medio de los conflictos
- No depende de personas ni de situaciones para ser feliz
- Se convierte en fuente de alegría, amor y equilibrio
De esta forma, ese cambio evidencia que la vida ya no se basa en lo externo, sino en una transformación interior.
Una invitación a la entrega verdadera
Al final de la reunión, se hizo la siguiente pregunta:
¿La persona está realmente viviendo para Dios o sigue aún atada al mundo?
La enseñanza reforzó que no es posible vivir dividido entre dos reinos. Por lo tanto, es necesario decidir.
El Altar representa ese lugar de entrega, donde la persona deja atrás la vida antigua e inicia un nuevo camino con Dios.
Así, el mensaje del encuentro fue claro: el Reino de Dios no es teoría ni religión, sino una vida real, disponible para quienes deciden nacer de nuevo y poner a Dios en primer lugar.

Más información
El movimiento Godllywood surgió con el objetivo de restaurar los principios de una mujer virtuosa, ayudando a cada participante a evolucionar en todas las áreas de su vida, en el ambiente familiar, profesional y en las relaciones. Además, es un movimiento accesible para todas, sin distinción de origen o religión. Para formar parte, solo es necesario tener el deseo verdadero de agradar a Dios y asumir ese compromiso con Él.

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