Las enseñanzas del profeta Joel muestran el camino para quien desea una verdadera transformación espiritual y una nueva vida con Dios.
Joel era conocido como el «profeta 1, 2, 3», porque presentaba, de forma directa, el origen de los problemas y la manera de solucionarlos. Así como la nación antigua estaba devastada por plagas y sequía debido a su distanciamiento de Dios, muchas personas, hoy en día, enfrentan una profunda miseria espiritual por permanecer atrapadas en el pecado.
Sin embargo, el Altar representa los brazos abiertos del Padre para recibir a todo aquel que desea volver a Su presencia.
El primer paso: arrepentimiento de dentro hacia fuera
El pecado actúa como una maldición que afecta las decisiones, las relaciones y la paz interior. No obstante, la solución no está en prácticas religiosas externas, sino en un arrepentimiento genuino.
El verdadero arrepentimiento comienza en el interior de la persona. Implica reconocer los propios errores y abrir el corazón delante de Dios.
«Aun ahora —declara el Señor— volved a Mí de todo corazón, con ayuno, llanto y lamento. Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos; volved ahora al Señor vuestro Dios, porque Él es compasivo y clemente, lento para la ira, abundante en misericordia, y se arrepiente de infligir el mal.» (Joel 2:12-13).
El segundo paso: el derramamiento de la plenitud
Después de abandonar los errores, la persona necesita ser llena de la presencia de Dios. Por eso, es fundamental priorizar al Espíritu Santo por encima de cualquier conquista material.
Cuando alguien recibe el Espíritu Santo, experimenta una transformación profunda: cambia su manera de pensar, fortalece su carácter y encuentra dirección para su vida.
«Y sucederá que después de esto, derramaré Mi Espíritu sobre toda carne; y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, vuestros jóvenes verán visiones.» (Joel 2:28).
El tercer paso: la liberación en el Altar
Por último, surge la consecuencia natural de la alianza: la salvación y la respuesta inmediata en momentos de aflicción.
«Y sucederá que todo aquel que invoque el Nombre del Señor será salvo; porque en el monte Sión y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho el Señor, y entre los sobrevivientes estarán los que el Señor llame.» (Joel 2:32).
Con el propósito de materializar esta entrega del alma, la Hoguera Santa se presenta como una oportunidad para quien busca la liberación. En julio, las peticiones serán llevadas al Monte Sión, en Jerusalén, para que haya una transformación total.
Conclusión
En resumen, si deseas esta paz, abre tu corazón a Dios.
Sin duda, muchos llegan al Templo de los Milagros y a otros lugares de la Universal con el alma hecha pedazos, cargando traumas y vicios terribles, por ejemplo. Sin embargo, Dios no mira el pasado, sino la sinceridad. Participa en la próxima Reunión del Espíritu Santo y busca esta transformación para tu vida.
