El pasado sábado 25 de julio se llevó a cabo un nuevo encuentro del Godllywood Autoayuda en el Templo de los Milagros, con transmisión para todas las Universal del país. En esta ocasion, la ensenanza llevo a las participantes a examinar si existe algun dolor que, aun sin darse cuenta, continua influyendo en su manera de pensar, actuar y relacionarse con Dios y con los demas.

Pérdidas, abusos, fracasos, decepciones, abandono, problemas familiares y preocupaciones pueden dejar marcas profundas en el interior. Cuando estas no son atendidas, la persona pierde energía, cambia su humor, se llena de tristeza y termina aceptando el sufrimiento como parte de su vida.

El dolor es una alerta

Durante la reunión se explicó que el dolor funciona como una alerta. Así como una molestia física indica que algo no está bien en el cuerpo, el dolor del alma revela la existencia de una herida que necesita ser tratada.

Muchas mujeres llegan a la iglesia impulsadas por situaciones dolorosas: una traición, un divorcio, una familia disfuncional, la ausencia de sus padres, un esposo que las humilla, un hijo preso o involucrado en malos caminos, o proyectos que nunca se realizaron.

Sin embargo, la orientación fue no permanecer concentradas únicamente en lo que sucedió, sino identificar qué sentimiento mantiene abierta la herida.

Cuando el rencor prolonga el sufrimiento

Una traición puede provocar un dolor profundo, pero guardar resentimiento permite que este continúe gobernando la vida. Aunque perdonar puede resultar difícil, se comparó con un medicamento amargo que ayuda a sanar.

El perdón no borra lo ocurrido ni convierte en correcto el daño recibido. Lo que cambia es la manera en la que la persona responde: puede recordar el hecho sin continuar dominada por la ira, la amargura o el deseo de venganza.

Cuando el dolor no es tratado, suele reflejarse en palabras hirientes, impaciencia y reacciones agresivas. De esta forma, quien fue herida termina lastimando a su esposo, a sus hijos o a personas que no fueron responsables de su sufrimiento.

Esto también puede suceder con los niños. Al presenciar conflictos en casa o vivir situaciones que todavía no saben expresar, pueden transmitir su dolor mediante conductas agresivas. Asimismo, hay quienes dañan su propio cuerpo creyendo que así podrán aliviar lo que sienten en el alma.

El peligro de alejarse de Dios

Uno de los principales puntos de la enseñanza fue que el dolor guardado puede debilitar la fe. Cuando la persona permite que el rencor determine sus acciones, deja de practicar la Palabra de Dios y comienza a distanciarse de Él.

Por eso, es necesario examinar las propias reacciones y admitir aquello que necesita cambiar. El deseo de venganza, la falta de perdón y las actitudes hirientes no solucionan el sufrimiento; por el contrario, lo profundizan.

Para abandonar esa condición, es necesario arrepentirse sinceramente y volver a Dios. La base de la enseñanza fue Joel 2:13:

«Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos; volved ahora al Señor vuestro Dios, porque Él es compasivo y clemente, lento para la ira, abundante en misericordia, y se arrepiente de infligir el mal».

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